15 de abril de 2016
Tocar los mundos,
danzar en las estrellas,
reposar sobre el verde pastizal,
sentir la brisa del viento que sopla y nos golpea el rostro.
Permitir que la espina dorsal vaya transformándose en una extensión más de la tierra,
acariciar el pasto,
jugar con los dedos reposados sobre nuestro vientre,
mirar el firmamento dibujando figuras,
penetrar en la oscuridad de la noche en busca de respuestas... y de preguntas...
Dejar caer el tiempo, dejarlo pasar, sin retenerlo, sin sostenerlo en nuestra muñeca, dejarlo fluir...
Dejar que la vida nos pase, nos atraviese, nos obsequie fenómenos transicionales...
Dejar que lleguen Otros, que abracen nuestra alma, que acaricien nuestra piel...
Cerrar los ojos, contener la respiración, apagar la luz....
Dejar entrar, finalmente, el vacío...
Dejar que lleguen Otros, que abracen nuestra alma, que acaricien nuestra piel...
¿Qué hacemos cuando compartimos estos pequeños destellos con otros?
Y ahora que te crucé
¿Qué hago yo con todo lo que generamos?
¿En dónde dejo tu sonrisa, el calor de tu mirada, el recuerdo de tu piel, el tono de tu voz?
Dejar entrar, finalmente, el vacío...

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