Algo del Amor al otro se juega en el aceptar que ya está listo para tomar sus propias decisiones, lo que implica que se tendrá que hacer responsable de las mismas.
Si no dejamos que se equivoque o que proyecte su futuro, en realidad, sólo estamos intentando que haga lo que nosotros no pudimos hacer, clara extensión de nuestro narcisismo; egocentrismo al nivel más puro.
¿Qué clase de sujeto puede aparecer ahí dónde no damos lugar al deseo propio, éste que representa lo más singular de uno? ¿Dónde queda la libertad de elegir los propios caminos? ¿Qué clase de Amor es el que estamos dando?
Triste, triste de verdad es pensar que el otro debe estar a nuestro servicio, cual extensión de nuestro cuerpo, obligando a que acepte todas nuestras reglas, nuestras normas, sin siquiera darla la posibilidad de que se cuestione qué es lo que quiere.
Nacimos para buscar la Libertad de nuestro Ser. Ésta no se alcanza ni apegándonos a los mandatos del otro, ni tampoco depositando en el otro nuestras frustraciones, sino tomando lo necesario de él para hacer nuestro propio camino...
No hay comentarios:
Publicar un comentario